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Terrazas


La terraza siempre ha sido uno de los grandes retos de la arquitectura: dónde acaba la casa y empieza el mundo.

 A veces esa frontera casi se borra en un porche.

O se vuelve firme en un muro de piedra con ventanas pequeñas que dejan pasar solo lo justo.

En un piso con suerte, esa frontera suele ser la terraza.

Y una terraza bien hecha no es solo un balcón: es otra habitación, pero con cielo.

El problema es que muchos balcones se quedan en eso: un suelo estrecho pegado a la fachada. Un sitio tan pequeño que no sirve para nada, salvo para acumular cosas.

Si no puedes sentarte a compartir un café, o tumbarte y abrir un libro, no es un balcón: es un decorado. 

Si tiene fondo para estirarse, cabe la vida.

Diseñar bien ese límite es dejar que la casa respire. Es abrir hueco para el aire, la luz y un ratito de calma.